Alienación parental en Chile: una forma silenciosa de violencia familiar

La alienación parental es una dinámica compleja que suele presentarse en contextos de separación o divorcio conflictivo. Se trata de una forma de manipulación en la que uno de los progenitores influye negativamente sobre sus hijos para que rechacen al otro padre o madre, sin que exista una justificación real como abuso o negligencia. Este fenómeno, aunque muchas veces invisibilizado, tiene consecuencias emocionales devastadoras tanto para el progenitor alienado como para los hijos.

La psicóloga e investigadora Sau-Lyn Lee Maturana, de la Universidad de Tarapacá, ha dedicado años a estudiar este fenómeno. En su investigación, que abarcó desde 2016 hasta 2020, entrevistó a más de 200 padres y madres alienados en países tan diversos como Canadá, Inglaterra, Afganistán y Perú. Sus hallazgos evidencian que la alienación parental es un problema global, con patrones similares sin importar el lugar o la cultura.

Lee Maturana enfatiza que tanto hombres como mujeres pueden ser víctimas o perpetradores de estas conductas, aunque las estrategias utilizadas tienden a diferenciarse. Las mujeres suelen recurrir a la manipulación verbal y emocional, mientras que los hombres pueden ejercer control psicológico de manera más directa.

Uno de los aspectos más preocupantes es la falta de reconocimiento legal del fenómeno en Chile. A pesar de que existe abundante evidencia internacional y herramientas validadas para su detección, el país no cuenta con protocolos específicos ni legislación que ampare a las víctimas. En enero de 2023, un proyecto de ley que buscaba incorporar la alienación parental en la normativa sobre violencia intrafamiliar fue rechazado por el Congreso, argumentando fundamentos que la comunidad científica considera obsoletos.

En otras naciones como Australia, Brasil o Estados Unidos, existen modelos de intervención familiar integrales que permiten tratar estos casos de manera eficaz. En cambio, en Chile, las intervenciones tienden a centrarse en el individuo y no abordan el problema como una dinámica sistémica que afecta a todo el núcleo familiar.

Las consecuencias del abandono legislativo y terapéutico son graves. Entre los padres alienados entrevistados, un 15% confesó haber intentado suicidarse, evidenciando el impacto psicológico extremo de este tipo de violencia. Para los hijos, las secuelas no son menores: problemas de salud mental, consumo de sustancias, insomnio, depresión e incluso tendencias suicidas han sido documentados a largo plazo.

El silencio que rodea estos casos se debe, en parte, a la falta de conciencia social. Muchos padres y madres viven duelos invisibles, lidiando con la ausencia emocional de sus hijos mientras enfrentan el juicio de una sociedad que no comprende su dolor. La académica señala que estos duelos son ambiguos: se sufre la pérdida de alguien que aún está vivo, pero que psicológicamente ha sido alejado.

Frente a este panorama, Lee Maturana insiste en que el primer paso para enfrentar el fenómeno es la educación. Es fundamental que tanto la ciudadanía como los actores políticos y judiciales se informen sobre lo que realmente implica la alienación parental. Solo así será posible desarrollar estrategias de prevención, detección e intervención eficaces, que protejan tanto a los niños como a los adultos involucrados.

“Reconocer este fenómeno es urgente”, concluye la especialista. “Porque donde hay alienación parental, hay una forma de violencia familiar que debe ser tratada con la misma seriedad que cualquier otra”.