Un día al ir a buscar a mi hijo de 6 años, vi que tenía mucha rabia en sus ojos, me miraba con una mezcla de tristeza y rabia, respiraba rápido, estaba muy alterado. Le pregunté qué le pasaba y me dijo «te van a llevar preso porque no me das las cosas materiales», «Además ustedes solo quieren a mi hermanita (mi hija de otra relación)», «Yo soy tonto, no seré nada en la vida, mi hermanita estudiará lo que quiera y yo qué seré?,nada».
Pero ¿quién te dice eso? «me lo dice mi mamá».
Mi hijo tiene una discapacidad intelectual y la madre se encargó de exacerbarla, sometiendo a mi hijo a una dependencia absoluta, no permitiendo su desarrollo incluso esperable dentro de su nivel de discapacidad. Con todo lo que me dijo mi hijo me volví loco, no podía creer que su madre fuera capaz de maltratarlo de esa manera.
No me cabía duda una madre que maltrate así a su hijo está «a media cuadra» de pasar a la violencia física.
Sin recursos para contratar un abogado particular y no calificando para la corporación, me presenté por mi cuenta a carabineros y expuse mi caso, lo derivaron al tribunal y del tribunal a la OPD de Renca. En la OPD de Renca solo recibí maltrato, mis preocupaciones fueron ridiculizadas, un día incluso me dijeron que era violento de mi parte pretender que mi hijo hiciera cosas que «por su discapacidad» nunca iba a poder lograr, como leer, escribir, multiplicar, sumar, dividir, comer solo, vestirse solo, que nunca iba a terminar la educación básica ni media y ni soñar con una carrera profesional.
Protegieron a la madre por casi 3 años, cuando mi hijo tenía 9 años la madre lo golpeó, llegué a buscarlo y tenía la boca partida, no me dijo nada, se subió callado al taxi, luego le dijo al taxista «¿sabe por qué tengo la boca así?, mi mamá me pegó». Me fui a Carabineros y ellos me derivaron al Centro de medidas cautelares, me indicaron que ellos podrían atenderme en calidad de «urgente» y entregarme a mi hijo por la gravedad de los hechos.
Llegué al Centro de medidas Cautelares de Santiago con mi hijo herido, un secretario del tribunal me indicó que no me podrían atender, me citó para 21 días más, no sin antes advertirme que «debe devolver a su hijo a su mamá o si no se meterá en problemas serios».
Fue terrible tener que entregar mi hijo a la persona que lo está maltratando, esos 21 días fueron una pesadilla, pues estaba seguro que la madre trataría de influir en mi hijo y llegado el día, no hablaría nada.
Llegado el día de la audiencia llego al tribunal y me encuentro con mi hijo, esta vez no solo tenía la boca partida, ahora además tenía un ojo morado.
Mi hijo me preguntó «¿qué estás haciendo aquí?», yo le dije, vengo a hacer unos trámites, mi hijo me respondió «Yo vine a hablar con un caballero, mi mamá me dijo que si digo lo que ella me dijo que dijera, todo saldría bien».
Cuando mi hijo me dijo eso, al lado de él estaba parado el juez jefe del Centro de Medidas Cautelares y preguntó «¿éste es el niño de la causa que vamos a ver?», si le respondieron las Curadoras Adlitem, luego de eso lo tomaron de la mano y se le llevaron a una audiencia reservada.
Después de varios minutos el juez salió de la audiencia reservada y venía rojo, se le notaba molesto, comenzó la audiencia y el juez comenzó a relatar todo lo que mi hijo contó, incluso me enteré de cosas que ni siquiera me había contado a mi, mi hijo no se guardó nada y se desahogó con el juez. Dentro de las cosas que contó se encuentran:
- Maltrato psicológico.
- Maltrato físico reiterado.
- Mi hijo presenció numerosos episodios de violencia intrafamiliar entre su madre bajo los efectos de las drogas y el alcohol en contra de la abuela.
- Mi hijo contó como la madre mantenía relaciones sexuales delante de él en la misma cama.
La mamá de mi hijo en vez de mostrar arrepentimiento o negar las acusaciones, con una tremenda frialdad confesó todas las acusaciones, es más, culpó a mi hijo por toda la violencia que ella ejerció contra él, mientras más hablaba, más se enterraba, de hecho su abogado (porque para estas bestias si hay abogados de la corporación disponibles) en un momento tiró unos documentos, hizo un gesto como diciendo «acábenla» y se cruzó de brazos.
El juez pidió al secretario del tribunal que en plena audiencia llamara a los sinverguenzas de la OPD de Renca para preguntarles «¿CÓMO NO PUDIERON VISUALIZAR UNA VULNERACIÓN DE DERECHOS TAN EVIDENTE?», se llamó a la OPD, lamentablemente sin respuesta, esa llamada era oro puro.
Ese día por primera vez sentí que se hizo un poco de justicia (un poco no más), el Centro de Medidas Cautelares me entregó a mi hijo herido, no solo físicamente, herido de todas las formas en que se puede herir a un niño. El juez me preguntó por qué no estaba contento, si conseguí lo que quería, yo le respondí que no había nada que celebrar, que todo lo que sucedió fue un desastre, que si 3 años antes me hubiesen oído en serio, le habrían ahorrado 3 años adicionales de maltrato a mi hijo, de hecho le dije «ustedes le regalaron 3 años adicionales de maltrato», como padre me siento fracasado, no hay nada que celebrar.
En pocos días comenzó el milagro, comenzó a vestirse, comer, bañarse solo, a los 6 meses aprendió a leer y escribir, comenzó a realizar operaciones matemáticas, estaba recuperando los 9 años perdidos junto a su madre.
Hoy 7 años después, mi hijo cursa 2ºMedio, sueña con estudiar gastronomía, ser chef y tener su propio restaurante.
Un padre con amor puede cambiar el futuro de sus hijos.
Si te encuentras en una situación similar, lucha por el cuidado personal de tus hijos.
📞 Contáctanos al +569 3770 5593 o info@nomashijosrehenes.cl. Juntos podemos darle a tus hijos la oportunidad que merecen. 💙